Correr no es sólo ponerse las zapatillas

Estoy volviendo a correr. Después de tres meses de pequeñas lesiones, quiero volver a hacer ejercicio. Ahora mismo soy una tortuga lenta, pesada, que con esfuerzo se desplaza por el parque.Soy consciente de que estoy empezando, y ahora mismo no puedo aspirar a alcanzar ni las distancias ni el ritmo que tenía cuando estaba en mejor forma. Soy consciente de mis recursos y mis limitaciones, pero sé exactamente a dónde quiero llegar y cómo voy a llegar. Es cierto que para correr es fundamental ponerse las zapatillas y lanzarse a hacer kilómetros, es el proceso core y sin él no hay corredor. Pero también es cierto que en función de cual sea nuestro objetivos conocer nuestra historia y conocer nuestro entorno nos ayudará a alcanzar la meta.

Mira, compara y decide

Siempre que corro llevo encima mi smartphone, al prinicipio sólo era para escuchar música, pero por apps como Endomondo o Nike Running, ahora su utilidad es mucho mayor. Gracias a ellas puedo registrar varios datos de mis carreras: velocidad, distancia, ritmos, frecuencias, mi valoración de cómo ha sido el entrenamiento… si además comprase otros complementos además podría llevar variables como pulso, ritmo cardíaco… Tengo guardado el histórico de mis carreras de los dos últimos años, lo cual me da una información treméndamente valiosa sobre mi desempeño y la evolución que ha experimentando mi cuerpo,  cuales han sido las zonas de valle antes de alcanzar una mejor ritmo o una mayor distancia… estos datos (internos) indican quien he sido como corredor, y hasta donde problablemente puedo o debo llegar si repito mi trayectoria.

En una primera fase, cuyo objetivo es volver a ser el corredor que una vez fui, me basta con estos datos. Sé que antes o después, ese día llegará, y cuando llegue deberé preguntarme si es suficiente. La realidad, es que cuando vas a correr muchas veces te encuentras con la misma gente, y todos tenemos cierto ápice de competitivad. Ésto puede determinar que surja en nosotros el interés de ir más rápido que otros corredores, o puede que utilizando estas mismas apps formemos parte de un grupo de corredores donde podemos ver que tiempos y recorridos hacen los otros miembros del grupo, otra excusa para competir, e incluso puede llegar el día  donde nuestro deseo de competir llegue a su nivel máximo y nos inscribamos en una carrera. Gracias a la combinación de estos datos externos y nuestros datos internos, podremos ver que carencias tenemos, por ejemplo queremos hacer una mediamaratón pero como máximo hemos corrido 12 km, y así plantear el entrenamiento que nos permita reforzar o adquirir las competencias necesarias para competir.

La importancia de un modelo de gestión

Todas estas reflexiones deportivas, no son por un cambio de línea editorial, sino porque en el mundo de las organizaciones, en el mundo de la empresa se repiten estas mismas pautas, y a veces son olvidadas, tanto por los nuevos corredores (emprendedores) como para algunos veteranos (empresas ya constituidas y con varios ejercicios fiscales a su espalda).

Todos tenemos claro que hay que correr o que hay que ofrecer un producto o un servicio al mercado, y la meta no es sólo la venta del mismo, esto es sólo un control o checkpoint intermedio, sino que la meta es haber vendido nuestro producto, haber dado al cliente un producto o servicio acorde a sus expectativas, y además haber cobrado por ello. Estos son los procesos core, y sin ellos no hay empresa. Pero como toda competición supone una destreza, un esfuerzo, consumir unos recursos y debemos ser consciente si disponemos de ellos para hacer frente la marcha. En caso contrario los efectos serían desvastadores, desde no poder acabar la carrera (que en nuestro caso podría ser por ejemplo la no formalización de la venta o puede que el impago de un cliente insatisfecho) hasta terminar con alguna lesión que nos impida seguir compitiendo en otras carreras ( como podría ser la perdida de un contrato). En cualquier caso, el hecho de no conocernos a nosotros mismo, de no disponer de indicadores internos que nos especifique qué hacemos, cómo lo hacemos, qué recursos disponemos… dejará al azar si  podamos hacer frente a nuestros retos. Por otro lado, el no disponer de indicadores externos, de lo que ocurre en nuestro entorno, es igual de fatídico, pues supondrá o que no sabemos que quiere nuestro cliente ( por ejemplo puede que nos preparemos para carreras de media o larga distancia, cuando las competiciones de mi zona son de corta distancia donde prima más la velocidad que la resistencia, por lo que no desarrollamos las capacidades adecuadas) o que desconocemos a nuestros competidores (realmente de que nos sirve hacer 10 km en 50 minutos, si el año pasado el primero en cruzar la meta lo hizo en 30 minutos, habremos optimizado nuestra resistencia para saber que podemos cumplir el objetivo de la distancia, pero no seremos competitivos en ese mercado.)

Los modelos de gestión, los sistemas de calidad, la gestión por procesos, las metodologías y las buenas prácticas, deben conducir a la empresa a esta filosofía. A establecer los mecanismos de control internos y externos que nos indiquen qué ocurre en nuestra organización, y qué ocurre en nuestro mercado, y que posición ocupamos en él.  Hoy en día, gracias al avance de las tecnologías de la información, contamos con tantos datos y herramientas como necesitemos, sólo  hay que determinar en función de nuestras circunstancia (dimensión, sector, recursos…)  que opciones se ajustan más a nuestras necesidades para que el proceso de toma de decisiones se base en la experiencia y el análisis, y no sólo en la intuición.

Como conclusión iba a plantear que esta es la diferencia entre un buen competidor y un competidor, pero creo que hoy en día la disparidad va más allá. La diferencia entre simplemente ponerte la zapatillas y saber qué quieres conseguir y qué has conseguido poniéndote las zapatillas, es la diferencia entre un superviviente, un cazador que se adapta al entorno, y aquellas empresas que meramente persisten en función de cómo azarosamente se va resolviendo su incertidumbre hasta que un día el escenario no les sea favorable.

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